Sí, escribí diarios, como las princesas Disney
que de vez en vez mencionas; es un secreto que no le había contado a nadie.
Solo dos personas los han leído además de mí (a pesar de que el diario es un
objeto de connotación intimista) y son: David Leal, un amigo (hermano) del
colegio, y mi mamá. Al primero yo mismo se lo deje leer a los 13 años para
poder tener una opinión literaria; a mi mamá “jamás” se lo dejé leer, ella se
tomo atribuciones… los empecé a escribir porque necesitaba contarle las cosas
que me pasaban a alguien, aunque en verdad eran más las cosas que no me pasaban;
crecí demasiado aislado del mundo, víctima de una madre sobreprotectora que no
me dejó tener una vida social normal porque le preocupaba que el hombre en el
que ella esperaba que me convirtiera corriera el riesgo de no existir jamás.
Hoy, al borde de los 26 me pregunto si al verme ella ve a ese hombre. No lo sé.
Confinado desde los 9 años en las cuatro
paredes de mi habitación fingiendo eternamente estar estudiando empecé a
convertirme en lo que soy, empezó a forjarse cada palabra que hoy te escribo,
pues aunque parezca absurdo, creo que estos párrafos estaban destinados a ser
escritos. Le escribí a la soledad, a la tristeza, a la alegría, a la
desesperanza, a los sueños, que no se cumplieron, a las personas, que no
llegaron, a los deseos, que jamás se hicieron realidad porque en los designios
divinos así debía estar estipulado. Entiendo que pueda parecer tonto hablar de
designios y destino, a mí también me lo parece la mayoría del tiempo, sin
embargo, día a día, cuando te veo llegar, cuando recorro con la mirada tu forma
distraída de caminar para acercarte, siento que es así, toda mi vida de
encierro, todas mis frustraciones e iras, todas las emociones negativas, los
sentimientos de autocompasión, las lágrimas, el dolor, la falta de autoestima,
¡Todo! pasa ante mis ojos en un instante; y cuando por fin te inclinas y me besas
ese colash, esa bola de recuerdos negativos… solo… desaparece. El pasado muta drásticamente,
el castigo se convierte en bendición, la tortura y el dolor que creí vivir se
transforman en camino, un camino que me ha llevado a mi destino. Ese destino
que desde aquella noche en la van supe que eras tú.
Siempre odié cada paso del camino mi
vida, como el estudiante al que le aburre cada parte de la lección, sin saber que
está destinado a caer y que sin quererlo está aprendiendo como sobrevivir.
Quiero que lo recuerdes por siempre corazón:
Tu dijiste: “el mundo no basta” yo pensé:
“Volar o morir”
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