miércoles, 18 de junio de 2014

DIARIOS DE ADOLECENTE IV

Creo que en esta vida todo tiene un precio, nada te viene de gratis. El problema de la gente es que no están dispuestos a pagarlo. La gente quiere ser feliz pretendiendo no sufrir, pretendiendo no arriesgar, pretendiendo que la dicha caiga del cielo; me tomo todo mi bachillerato y la mitad de mi carrera descubrirlo: La única forma de ganar en un mundo así es arriesgándolo todo, perdiendo el miedo a perder, saltando al vacío.

Me lo enseño Ignacio. Todo lo que yo necesitaba para ser el hombre que quería ser, era saltar con una perspectiva realista en mente: “volar no siempre es posible pero por eso somos católicos ¿no? Nosotros creemos en la resurrección, jajaja” dijo una vez en medio de la ebriedad. Desde entonces empecé a sentir en mí los aires de cambio que nunca sentí atrás. “El pasado siempre queda atrás, es mejor dejarlo donde esta”; la única manera de moverse hacia adelante es caminando en esa dirección, dure estancado por mucho tiempo, analizándome, analizando gente, sus comportamientos, sus reacciones, sus expresiones, me convertí en el mejor observador de la vida porque ese era mi mundo, observar. La vida pasaba ante mis ojos mientras yo era su más fiel espectador y fue así como logre transformarme.

Me convertí en la clase de imbécil que siempre deteste, la clase de idiota que siempre logro llevarse a las chicas que me interesaron, la clase de… en fin. Cuando llegue a la mitad del camino, satisfecho conmigo mismo por mis logros y mi progreso vertiginoso, sonreí con nostalgia mirándome en el espejo y me pregunte: “¿En realidad siempre fuiste este hombre?”. Tantas cosas que tuve ocultas, tantas cosas que siempre tuve entre las sombras, reservadas para el momento de la liberación.

Mute de una manera satisfactoria, como solo unos pocos mutan, pero sobre todo lo hice porque ya no tenía nada que perder, frente a mí se abría un nuevo mundo de posibilidades, cambie de moral y de ética como se cambia de ropa y empecé a utilizar a varios de mis personajes para lograr mis cometidos; fue gratificante, no lo niego. La construcción de una relación con cada desconocido es como escribir en una hoja en blanco, puedes siempre comenzar desde ceros y puedes siempre hacerlo de una manera diferente.

Creo que lo gratificante de la soledad es que te hace crecer internamente de una manera en la que ningún otro estado te lo permite. Bien llevada, bien aprovechada, la soledad puede convertirse en el mejor campo de entrenamiento de lo que tú así lo desees.

Deje de escribir en cuadernos y en blogs, olvide los años de derrota, de autocompasión, autoflagelación, autocastigo, auto… en fin… abandone el cementerio, pues enterrar mis sentimientos me había dejado completamente frio y desalmado. Rompí algunos corazones, supongo. Hice algunas maldades y me predispuse a vivir la vida loca hasta que inadvertidamente me volví a enamorar y entendí que jamás sería un hombre de verdad si no lograba encontrarme a mí mismo para aprender que solo se es valiente cuando se tiene miedo, solo se apuesta de verdad cuando se apuesta la vida, solo podía dejar de ser el hombre de antes cuando empezara a apostar lo único que no había querido apostar: el corazón.

Por eso hui.

Dos años después te conocí a ti.

No hay comentarios:

Publicar un comentario