Caminábamos por la ciclo ruta de la 170
en un día muy nublado y rumbo a la biblioteca “Virgilio Barco” (que ahora
sabemos que no es la Virgilio Barco) y me dijiste que tenías miedo, que
estábamos pasando mucho tiempo juntos y que todo era tan sospechosamente
perfecto que te asustaba. Ese día yo había llegado tarde a nuestra cita y tú
habías tenido que esperarme cerca de media hora. La noche anterior habíamos ido
a bailar solos a un bar de la octava, hasta la fecha es el plan de rumba más
extraño al que me le haya medido jamás, dejando de lado mis ya lejanas
incursiones en solitario a los bares.
Dijiste que tenías miedo y pusiste ese
gesto de incertidumbre que pones cuando no vez con claridad el futuro entre las
circunstancias. Hice lo mejor que pude por tranquilizarte, al fin y al cabo, ya
sabes que tarde o temprano sufriremos, que tarde o temprano me mandaras pa’l
carajo y que tarde o temprano esto se acabara, todo siempre se acaba.
Te prometí que en un plazo de 3 meses no
volvería a llegar tarde a una de nuestras citas y más tarde cuando tuve la
oportunidad de estar solo y meditar, entendí que tal vez tenías razón. Hasta la
fecha todo se había dado demasiado perfecto, demasiado ideal, demasiado rápido.
Repase lo que hicimos en el día y me di cuenta de que nos estamos compenetrando
tanto el uno en el otro que nos estamos permitiendo olvidarnos de las personas
que una vez dijimos para nosotros mismos que no seriamos.
Rumbeamos hasta la madrugada, nos
encontramos temprano, fuimos a tu trabajo, luego a la biblioteca, nos perdimos
en el norte de la ciudad, terminamos en un paradero de buses intentando ir al
centro, conocimos el mejor Súper B del centro hasta la fecha y el mejor café hasta
la fecha, oscureció y ambos volvimos a nuestras casas cansados de caminar y
satisfechos porque no hicimos nada más en todo el día que estar juntos,
haciendo cosas que no habíamos hecho antes, caminar sin rumbo alimentando el
bienestar que sentimos con nuestra mutua compañía.
Un par de días después rompí mi promesa…
llegue tarde nuevamente sin ánimos de darte excusas, te invite una avena que
dejaste servida y un desayuno que ni alcanzaste a terminar, te abandone
mientras comías y eso me hizo sentir aun peor, porque no quería dejarte pero
tampoco quería quedarme a evadir explicaciones.
Nuestra relación no es perfecta, ninguna
lo es, pero el dejarte esperando es algo que me hace sentir culpable porque no
te estoy expresando la importancia que en realidad tienes para mí; hacerte
esperar es como decirte que en realidad no me interesas tanto como lo digo,
dejarte plantada es como decirte que en realidad no significas nada, no me
importa si te lastimo y no tienes tanto valor.
Me ha dolido un poco aquello y me duele
más el hecho de que parezcas quererme tanto, al punto de dejarlo pasar como si
nada. Nadie nunca me había querido tanto o por lo menos, nadie nunca me lo ha
dejado saber de esa manera.
Gracias por tolerar mis silencios mi
vida.
Gracias por hacerme ser mejor de lo que
soy.
Gracias por valorar lo mucho o poco que
tengo para ofrecer.
Gracias por apreciar todo lo que soy y
por demostrármelo con tu tiempo y dedicación.
Te prometo que jamás volveré a prometer
cosas que no pueda cumplir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario