miércoles, 18 de junio de 2014

PROMESAS

Caminábamos por la ciclo ruta de la 170 en un día muy nublado y rumbo a la biblioteca “Virgilio Barco” (que ahora sabemos que no es la Virgilio Barco) y me dijiste que tenías miedo, que estábamos pasando mucho tiempo juntos y que todo era tan sospechosamente perfecto que te asustaba. Ese día yo había llegado tarde a nuestra cita y tú habías tenido que esperarme cerca de media hora. La noche anterior habíamos ido a bailar solos a un bar de la octava, hasta la fecha es el plan de rumba más extraño al que me le haya medido jamás, dejando de lado mis ya lejanas incursiones en solitario a los bares.

Dijiste que tenías miedo y pusiste ese gesto de incertidumbre que pones cuando no vez con claridad el futuro entre las circunstancias. Hice lo mejor que pude por tranquilizarte, al fin y al cabo, ya sabes que tarde o temprano sufriremos, que tarde o temprano me mandaras pa’l carajo y que tarde o temprano esto se acabara, todo siempre se acaba.

Te prometí que en un plazo de 3 meses no volvería a llegar tarde a una de nuestras citas y más tarde cuando tuve la oportunidad de estar solo y meditar, entendí que tal vez tenías razón. Hasta la fecha todo se había dado demasiado perfecto, demasiado ideal, demasiado rápido. Repase lo que hicimos en el día y me di cuenta de que nos estamos compenetrando tanto el uno en el otro que nos estamos permitiendo olvidarnos de las personas que una vez dijimos para nosotros mismos que no seriamos.

Rumbeamos hasta la madrugada, nos encontramos temprano, fuimos a tu trabajo, luego a la biblioteca, nos perdimos en el norte de la ciudad, terminamos en un paradero de buses intentando ir al centro, conocimos el mejor Súper B del centro hasta la fecha y el mejor café hasta la fecha, oscureció y ambos volvimos a nuestras casas cansados de caminar y satisfechos porque no hicimos nada más en todo el día que estar juntos, haciendo cosas que no habíamos hecho antes, caminar sin rumbo alimentando el bienestar que sentimos con nuestra mutua compañía.

Un par de días después rompí mi promesa… llegue tarde nuevamente sin ánimos de darte excusas, te invite una avena que dejaste servida y un desayuno que ni alcanzaste a terminar, te abandone mientras comías y eso me hizo sentir aun peor, porque no quería dejarte pero tampoco quería quedarme a evadir explicaciones.

Nuestra relación no es perfecta, ninguna lo es, pero el dejarte esperando es algo que me hace sentir culpable porque no te estoy expresando la importancia que en realidad tienes para mí; hacerte esperar es como decirte que en realidad no me interesas tanto como lo digo, dejarte plantada es como decirte que en realidad no significas nada, no me importa si te lastimo y no tienes tanto valor.

Me ha dolido un poco aquello y me duele más el hecho de que parezcas quererme tanto, al punto de dejarlo pasar como si nada. Nadie nunca me había querido tanto o por lo menos, nadie nunca me lo ha dejado saber de esa manera.

Gracias por tolerar mis silencios mi vida.
Gracias por hacerme ser mejor de lo que soy.
Gracias por valorar lo mucho o poco que tengo para ofrecer.
Gracias por apreciar todo lo que soy y por demostrármelo con tu tiempo y dedicación.


Te prometo que jamás volveré a prometer cosas que no pueda cumplir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario