La escritura comenzó para mí como un
deshinibidor, así fue como pase de escribir notas en un cuadernito a empezar a
reflexionar acerca de mi propia vida, de lo que sufría de lo que sentía y de
porque lo hacía. Leí un par de cosas sobre psicoanálisis, leí sobre psicología,
hasta leí folletines y fragmentos de libros de superación personal, pero para
serte honesto, mi subconsciente aprendió por si solo a analizar patrones de
conducta casi por sí solo. Fue así como me volví bueno leyendo a la gente, fue
así como pude dar tantos consejos que le funcionaron a casi todo el mundo, o a
todos, menos a mí.
Era un niño solitario abandonado en una
isla en la que de vez en cuando arribaba una que otra barca, que siempre se iba
sin mí, pues yo reusaba subir en ella. ¿Recuerdas nuestra primera cita cuando
me llevaste a ese café al que de vez en cuando vamos? ¿Recuerdas cuando te
conté la historia de la película naufrago y de cómo el personaje de Tom Hanks
personifico a su propio amigo imaginario “Wilson” en una pelota de volleyball?
Pues prácticamente yo también hice lo mismo, pero con mis diarios. Creé
personajes para poblar mi mundo, lo llene con mi subconsciente como en inception, me sumergí en un sueño que
sin saberlo se tornaría autodestructivo y cuando me aburrí de escribir en el
papel, empecé a hacerlo en blogs como este.
Mi vida literaria ha sido hasta ahora
solo un cementerio de sentimientos en los que aún quedan las manchas de mi
corazón herido, fósiles de relaciones que para mí ahora no pueden ser más que
ilusiones que nunca llegaron a tocar la realidad, ya que siempre las mantuve a
raya. Era muy cobarde como ya lo había dicho. Toda posibilidad conllevaba para mí
un problema, un riesgo, un dolor que no estaba dispuesto a correr; mis
continuas derrotas por W me habían generado la fobia que más almas se lleva del
mundo: la fobia a fracasar. ¿Es irónico no? Tener tanto miedo a perder cuando
hasta la fecha lo único que había hecho era eso, perder.
La solución para mis dolencias fue ignorarlas
y sumergirme en las dolencias de los demás. “Eres confiable porque sabes
escuchar, sabes callar y sabes comprender”, me dijeron una vez. Me interesaron
mucho los problemas ajenos por ese entonces, ahora que estoy contigo y después
de tantas cosas vividas, comprendo que la única razón por la que me interesaban
sus asuntos era porque me hacían sentir un poco más real, me hacían sentir un
poco más vivo, me hacían sentir algo no inventado por mí, emociones legitimas
que me conmovían y me permitían seguir respirando. Ahora veo que solo fui un
parasito, necesite de otros para subsistir.
Cada vez que yo mismo me rompía el
corazón, me prometía que jamás volvería a permitir que alguien lo volviera a
lastimar. Cuando mi mamá se fue y me dio las llaves de la celda, entendí que la
opresión nunca fue real, que mis amores nunca fueron reales, que el mundo en el
que había vivido encerrado por tantos años había sido solo una mentira creada
por mi mente, una barrera imaginaria que me mantuvo alejado de la felicidad pero
que a la vez construyo en mi al hombre que soy ahora.
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