jueves, 10 de julio de 2014

A VOLAR


Ya han pasado varios días desde que regresamos. Hoy por fin he decidido tomarme un descanso de todo lo que he venido haciendo en los últimos 3 meses: Trabajar, “estudiar” y pasar la mayor cantidad de tiempo posible a tu lado.

No sé si lo que siento cuando estoy contigo pueda denominarse “felicidad”, me gusta creer que sí aunque sería una apreciación subjetiva ya que nunca había vivido algo así, no estoy seguro…

Lo único de lo que estoy seguro es de que tal como lo dijiste anoche mientras nos dirigíamos a tu casa: cada cosa que hacemos impacta al mundo y a quienes nos rodean. “Nuestras obras hacen personas” fue lo que dijiste e instantes después empecé a hacer estupideces de esas de las que te suelen salir todo el tiempo. En ese instante me di cuenta de que me estas cambiando como nunca pensé que alguien lo haría, como nunca pensé que alguien pudiera llegar a hacerlo. Y pienso, si tú tienes ese poder en mí, un poder que me hace sentir una mejor persona día a día, un hombre más sano, más fuerte, menos cobarde, más arriesgado, aun mas allá de los límites de mi propia imaginación… ¿porque no? ¿Por qué no empezar a impactar al mundo? ¿Por qué no mudarnos a otra constelación? ¿Por qué no construirla nosotros?

Estar contigo lejos de esta ciudad me enseño que cada momento de nuestras vidas puede ser como un sueño jamás soñado si tenemos la determinación de convertirlo en realidad. Convirtámonos en los magos de nuestra existencia. Convirtamos la ilusión efímera del presente en el ensueño del futuro. Sé que podemos hacerlo.

Te lo dije anoche…
Somos pájaros y hemos nacido para volar.

Es hora de dejar el nido lechuzita.

miércoles, 18 de junio de 2014

RETOMANDO RUMBO

Para ser honesto, nunca me he comprometido con ningún proyecto literario, ninguno ha logrado ver la luz porque tengo la mala costumbre de empezar muchas cosas al mismo tiempo y dejarlas a medias, de dejarlas por el camino, botadas como si nunca me hubieran importado, o como uno de esos edificios que solo se empezaron hace muchos años y del cual solo hay columnas y varillas salidas porque a mitad de camino se acabó el presupuesto, o la obra fue cancelada o clausurada o lo que sea.

Siempre lo he sabido: no se puede ser un artista a medias, se es o no se es. Es algo con lo que se nace. ¿De qué me sirve tener talento si nunca tengo la determinación de terminar lo que empiezo? —es algo que me ha reclamado mi mamá por años— Y hoy me doy cuenta que para lo único que he tenido determinación en mi vida es para 3 cosas: Producir cine. Arriesgarlo todo por ir en busca de mi yo interior y TÚ.

Un día te dije que esta relación estaba destinada a ser constructiva, por eso no teníamos problemas, por eso todo parece ser tan ideal, por eso estamos tan encarretados el uno con el otro; y aunque sé que a veces lo dudas porque todo parece ser irreal, creo que vas a tener que creértelo porque es cierto, ¡esto está pasando!

Hoy retomo la escritura de mi novela porque es hora de que empiece a convertirme en lo que estoy destinado a ser.

Boceto = 43 % mi vida.





PROMESAS

Caminábamos por la ciclo ruta de la 170 en un día muy nublado y rumbo a la biblioteca “Virgilio Barco” (que ahora sabemos que no es la Virgilio Barco) y me dijiste que tenías miedo, que estábamos pasando mucho tiempo juntos y que todo era tan sospechosamente perfecto que te asustaba. Ese día yo había llegado tarde a nuestra cita y tú habías tenido que esperarme cerca de media hora. La noche anterior habíamos ido a bailar solos a un bar de la octava, hasta la fecha es el plan de rumba más extraño al que me le haya medido jamás, dejando de lado mis ya lejanas incursiones en solitario a los bares.

Dijiste que tenías miedo y pusiste ese gesto de incertidumbre que pones cuando no vez con claridad el futuro entre las circunstancias. Hice lo mejor que pude por tranquilizarte, al fin y al cabo, ya sabes que tarde o temprano sufriremos, que tarde o temprano me mandaras pa’l carajo y que tarde o temprano esto se acabara, todo siempre se acaba.

Te prometí que en un plazo de 3 meses no volvería a llegar tarde a una de nuestras citas y más tarde cuando tuve la oportunidad de estar solo y meditar, entendí que tal vez tenías razón. Hasta la fecha todo se había dado demasiado perfecto, demasiado ideal, demasiado rápido. Repase lo que hicimos en el día y me di cuenta de que nos estamos compenetrando tanto el uno en el otro que nos estamos permitiendo olvidarnos de las personas que una vez dijimos para nosotros mismos que no seriamos.

Rumbeamos hasta la madrugada, nos encontramos temprano, fuimos a tu trabajo, luego a la biblioteca, nos perdimos en el norte de la ciudad, terminamos en un paradero de buses intentando ir al centro, conocimos el mejor Súper B del centro hasta la fecha y el mejor café hasta la fecha, oscureció y ambos volvimos a nuestras casas cansados de caminar y satisfechos porque no hicimos nada más en todo el día que estar juntos, haciendo cosas que no habíamos hecho antes, caminar sin rumbo alimentando el bienestar que sentimos con nuestra mutua compañía.

Un par de días después rompí mi promesa… llegue tarde nuevamente sin ánimos de darte excusas, te invite una avena que dejaste servida y un desayuno que ni alcanzaste a terminar, te abandone mientras comías y eso me hizo sentir aun peor, porque no quería dejarte pero tampoco quería quedarme a evadir explicaciones.

Nuestra relación no es perfecta, ninguna lo es, pero el dejarte esperando es algo que me hace sentir culpable porque no te estoy expresando la importancia que en realidad tienes para mí; hacerte esperar es como decirte que en realidad no me interesas tanto como lo digo, dejarte plantada es como decirte que en realidad no significas nada, no me importa si te lastimo y no tienes tanto valor.

Me ha dolido un poco aquello y me duele más el hecho de que parezcas quererme tanto, al punto de dejarlo pasar como si nada. Nadie nunca me había querido tanto o por lo menos, nadie nunca me lo ha dejado saber de esa manera.

Gracias por tolerar mis silencios mi vida.
Gracias por hacerme ser mejor de lo que soy.
Gracias por valorar lo mucho o poco que tengo para ofrecer.
Gracias por apreciar todo lo que soy y por demostrármelo con tu tiempo y dedicación.


Te prometo que jamás volveré a prometer cosas que no pueda cumplir.

EL LIBRO “ILUSIONES”

Empecé  a escribir un libro sobre mi propia vida a la edad de 13 o tal vez 14 años, se llamaba “ilusiones”. En él contaba mi vida sentimental, las veces que me enamore, las veces que me ilusione, las veces que me partieron el corazón.

Nunca logre siquiera llegar a la mitad de lo que me proponía escribir, siempre habían otras ocupaciones, algo más divertido que hacer o simplemente me sentía muy lastimado, triste o deprimido como para seguir escribiéndolo, o todo lo contrario, me sentía demasiado alegre como para sumergirme en ese mundo de soledad y dejarme contagiar por esas emociones mil veces rumiadas.

Al cabo de 5 años me canse de leer las mismas palabras y releerlas y corregirlas hasta la saciedad. A la mitad de mi carrera acepte que el tema era demasiado irrelevante para que pudiera ser objetivamente un libro exitoso y que además de eso yo ya estaba demasiado maduro como para sumergirme en aventuras irreales de un niño adolecente, esa etapa ya empezaba a quedar en el pasado. Cuando retome la escritura como por trigésima-octava vez, había pasado demasiado tiempo y se me habían borrado de la mente las claves de acceso de los archivos de trabajo. Lo tome como una señal. Esos archivos aun existen, pero desde hace casi 5 años no he podido acceder a ellos.

Impresos están los primeros dos o tres capítulos del libro que solo una persona ha leído: mi hermana, Andrea. Trabajamos en ellos por la época en la que finalizábamos el bachillerato… ya no importan. Esos temas añejos servirán para varios proyectos que si valgan la pena. La irreal vida amorosa de un adolecente cobarde no ha de interesarle a nadie, ni siquiera me interesa a mí y fui yo el que la viví. Jajaja.

Descuide la escritura y me sumergí en la producción, en la seducción y en el trabajo para empezar a costear mis propios gastos y dejar de pedirle la mesada a mis papás, gracias a ellos siempre me ha parecido molesto extender la mano. No es que me lo hayan echado en cara, es que siempre me enseñaron a ser demasiado independiente.

Ahora, ya a los 25, con muchos proyectos iniciados, mi primer libro o prospecto de libro abandonado hace media década atrás y entrando en la última curva (aunque ya lo he dicho muchas veces) de mi carrera universitaria creo que tengo que retomar la escritura, destapar el odre y hacer que el vino añejo deleite a todos aquellos que quieran catarlo. Ya es hora de que el mundo me conozca y sepa lo que tengo para dar. Mi mamá ha insistido mucho en eso durante los últimos años, es hora de demostrarle (creo yo) que todas las charlas que me ha dado no han sido en vano, que si he estado escuchándola durante todo este tiempo y que si estoy dispuesto a seguir mi destino con la determinación con la que una noche hace dos años decidí ir a descubrir de que tanto era capaz.


DIARIOS DE ADOLECENTE IV

Creo que en esta vida todo tiene un precio, nada te viene de gratis. El problema de la gente es que no están dispuestos a pagarlo. La gente quiere ser feliz pretendiendo no sufrir, pretendiendo no arriesgar, pretendiendo que la dicha caiga del cielo; me tomo todo mi bachillerato y la mitad de mi carrera descubrirlo: La única forma de ganar en un mundo así es arriesgándolo todo, perdiendo el miedo a perder, saltando al vacío.

Me lo enseño Ignacio. Todo lo que yo necesitaba para ser el hombre que quería ser, era saltar con una perspectiva realista en mente: “volar no siempre es posible pero por eso somos católicos ¿no? Nosotros creemos en la resurrección, jajaja” dijo una vez en medio de la ebriedad. Desde entonces empecé a sentir en mí los aires de cambio que nunca sentí atrás. “El pasado siempre queda atrás, es mejor dejarlo donde esta”; la única manera de moverse hacia adelante es caminando en esa dirección, dure estancado por mucho tiempo, analizándome, analizando gente, sus comportamientos, sus reacciones, sus expresiones, me convertí en el mejor observador de la vida porque ese era mi mundo, observar. La vida pasaba ante mis ojos mientras yo era su más fiel espectador y fue así como logre transformarme.

Me convertí en la clase de imbécil que siempre deteste, la clase de idiota que siempre logro llevarse a las chicas que me interesaron, la clase de… en fin. Cuando llegue a la mitad del camino, satisfecho conmigo mismo por mis logros y mi progreso vertiginoso, sonreí con nostalgia mirándome en el espejo y me pregunte: “¿En realidad siempre fuiste este hombre?”. Tantas cosas que tuve ocultas, tantas cosas que siempre tuve entre las sombras, reservadas para el momento de la liberación.

Mute de una manera satisfactoria, como solo unos pocos mutan, pero sobre todo lo hice porque ya no tenía nada que perder, frente a mí se abría un nuevo mundo de posibilidades, cambie de moral y de ética como se cambia de ropa y empecé a utilizar a varios de mis personajes para lograr mis cometidos; fue gratificante, no lo niego. La construcción de una relación con cada desconocido es como escribir en una hoja en blanco, puedes siempre comenzar desde ceros y puedes siempre hacerlo de una manera diferente.

Creo que lo gratificante de la soledad es que te hace crecer internamente de una manera en la que ningún otro estado te lo permite. Bien llevada, bien aprovechada, la soledad puede convertirse en el mejor campo de entrenamiento de lo que tú así lo desees.

Deje de escribir en cuadernos y en blogs, olvide los años de derrota, de autocompasión, autoflagelación, autocastigo, auto… en fin… abandone el cementerio, pues enterrar mis sentimientos me había dejado completamente frio y desalmado. Rompí algunos corazones, supongo. Hice algunas maldades y me predispuse a vivir la vida loca hasta que inadvertidamente me volví a enamorar y entendí que jamás sería un hombre de verdad si no lograba encontrarme a mí mismo para aprender que solo se es valiente cuando se tiene miedo, solo se apuesta de verdad cuando se apuesta la vida, solo podía dejar de ser el hombre de antes cuando empezara a apostar lo único que no había querido apostar: el corazón.

Por eso hui.

Dos años después te conocí a ti.

DIARIOS DE ADOLECENTE III

La escritura comenzó para mí como un deshinibidor, así fue como pase de escribir notas en un cuadernito a empezar a reflexionar acerca de mi propia vida, de lo que sufría de lo que sentía y de porque lo hacía. Leí un par de cosas sobre psicoanálisis, leí sobre psicología, hasta leí folletines y fragmentos de libros de superación personal, pero para serte honesto, mi subconsciente aprendió por si solo a analizar patrones de conducta casi por sí solo. Fue así como me volví bueno leyendo a la gente, fue así como pude dar tantos consejos que le funcionaron a casi todo el mundo, o a todos, menos a mí.

Era un niño solitario abandonado en una isla en la que de vez en cuando arribaba una que otra barca, que siempre se iba sin mí, pues yo reusaba subir en ella. ¿Recuerdas nuestra primera cita cuando me llevaste a ese café al que de vez en cuando vamos? ¿Recuerdas cuando te conté la historia de la película naufrago y de cómo el personaje de Tom Hanks personifico a su propio amigo imaginario “Wilson” en una pelota de volleyball? Pues prácticamente yo también hice lo mismo, pero con mis diarios. Creé personajes para poblar mi mundo, lo llene con mi subconsciente como en inception, me sumergí en un sueño que sin saberlo se tornaría autodestructivo y cuando me aburrí de escribir en el papel, empecé a hacerlo en blogs como este.

Mi vida literaria ha sido hasta ahora solo un cementerio de sentimientos en los que aún quedan las manchas de mi corazón herido, fósiles de relaciones que para mí ahora no pueden ser más que ilusiones que nunca llegaron a tocar la realidad, ya que siempre las mantuve a raya. Era muy cobarde como ya lo había dicho. Toda posibilidad conllevaba para mí un problema, un riesgo, un dolor que no estaba dispuesto a correr; mis continuas derrotas por W me habían generado la fobia que más almas se lleva del mundo: la fobia a fracasar. ¿Es irónico no? Tener tanto miedo a perder cuando hasta la fecha lo único que había hecho era eso, perder.

La solución para mis dolencias fue ignorarlas y sumergirme en las dolencias de los demás. “Eres confiable porque sabes escuchar, sabes callar y sabes comprender”, me dijeron una vez. Me interesaron mucho los problemas ajenos por ese entonces, ahora que estoy contigo y después de tantas cosas vividas, comprendo que la única razón por la que me interesaban sus asuntos era porque me hacían sentir un poco más real, me hacían sentir un poco más vivo, me hacían sentir algo no inventado por mí, emociones legitimas que me conmovían y me permitían seguir respirando. Ahora veo que solo fui un parasito, necesite de otros para subsistir.


Cada vez que yo mismo me rompía el corazón, me prometía que jamás volvería a permitir que alguien lo volviera a lastimar. Cuando mi mamá se fue y me dio las llaves de la celda, entendí que la opresión nunca fue real, que mis amores nunca fueron reales, que el mundo en el que había vivido encerrado por tantos años había sido solo una mentira creada por mi mente, una barrera imaginaria que me mantuvo alejado de la felicidad pero que a la vez construyo en mi al hombre que soy ahora.

martes, 17 de junio de 2014

DIARIOS DE ADOLECENTE II

Empecé a escribir en un cuadernillo verde, es pequeño, a rayas, creo que mi mamá me lo regalo alguna vez y yo lo comencé a llenar con la primera historia de amor de mi vida, o quizá deba decir mejor: de desamor.

No voy a contarla aquí, este espacio es solo para ti, no me parece correcto ocuparlo con recuerdos que no vienen al caso y que ya tuvieron su propio lugar muchos años atrás. Sin embargo cabe resaltar que esa historia aun no te la he contado. Algún día lo hare o algún día hurgaras entre mis cosas y la leerás tú. Perdonaras los errores de composición, pero tendrás que entender que tenía solo 12 años para cuando la escribí.

¿Sabes que estaba pensando? Ya les he escrito a otras mujeres antes. Todas ellas confinadas a la lista de los eternos amores imposibles (que en realidad no eran imposibles, yo era muy cobarde). Es por eso que cada vez que te veo y leo en tus ojos lo que ya has llegado a sentir por mí en este corto espacio de tiempo, me sorprendo a mí mismo. ¿A cuántos amores maté de inanición mientras pacientemente tocaban a mi puerta? ¿Cuántos amores simplemente decidieron irse y no insistir? ¿Cuántos posibles amores pudieron ser y no fueron, no son, ni serán jamás?

Me he enamorado de muchas mujeres Eliana, pero a ninguna de ellas las ame en realidad, solo me dedique a sufrir por ellas porque sentía que de alguna manera eso me hacía mitigar la soledad que siempre había sentido. Nunca pude amar a nadie en el pasado porque aparentemente era muy pequeño y cuando crecí no pude hacerlo porque creí que ya era demasiado grande para aprender, me dio vergüenza admitir que no sabía hacer muchas cosas que los demás hacían con naturalidad; me llene de complejos que me mantuvieron alejado de vivir una vida plena y feliz, y cuando mi mamá abrió la celda en la que me tenía preso, yo cerré el candado y lance la llave muy lejos, pues ya estaba demasiado acostumbrado a ella como para querer salir.

Por un tiempo preferí ver la vida pasar a través de la ventana de mi habitación como llevaba haciéndolo por años; me negué a mí mismo las posibilidades de conocer muchas cosas, de experimentar, de explorar; me volví a encerrar en mi mundo y al poco tiempo, cuando note que ya nadie me custodiaba y que aun así seguía encerrado, me llene de ira, pues ya no había nadie en la puerta a quien echarle la culpa.

Descubrirme como prisionero y carcelero de mi propia jaula fue quizá una de las contradicciones más duras que tuve que enfrentar, ¿Cómo cambias los hábitos de una persona? ¿Cómo le metes en la cabeza a alguien que solo conoce la oscuridad la idea de que la luz le hará bien y no podrá lastimarlo? ¿Cómo combatir el cáncer de la soledad autoimpuesta? Es como la anorexia, la gente siempre insiste en asegurar que no la padece. No te imaginas lo frustrante que fue resignarme a cultivar amores ajenos, amores que solo lograron destruirme porque me convencí de que nadie me querría, de que era simplón y aburrido, de que no tenía nada que ofrecer. Me conforme con imaginar, pero tal vez eso fue lo que me condeno mi vida, pues no hay nada peor que conformarse con caricias y besos imaginados.


Gracias por ser real, gracias por correr el riesgo… te adoro.

miércoles, 11 de junio de 2014

DIARIOS DE ADOLECENTE I

Sí, escribí diarios, como las princesas Disney que de vez en vez mencionas; es un secreto que no le había contado a nadie. Solo dos personas los han leído además de mí (a pesar de que el diario es un objeto de connotación intimista) y son: David Leal, un amigo (hermano) del colegio, y mi mamá. Al primero yo mismo se lo deje leer a los 13 años para poder tener una opinión literaria; a mi mamá “jamás” se lo dejé leer, ella se tomo atribuciones… los empecé a escribir porque necesitaba contarle las cosas que me pasaban a alguien, aunque en verdad eran más las cosas que no me pasaban; crecí demasiado aislado del mundo, víctima de una madre sobreprotectora que no me dejó tener una vida social normal porque le preocupaba que el hombre en el que ella esperaba que me convirtiera corriera el riesgo de no existir jamás. Hoy, al borde de los 26 me pregunto si al verme ella ve a ese hombre. No lo sé.

Confinado desde los 9 años en las cuatro paredes de mi habitación fingiendo eternamente estar estudiando empecé a convertirme en lo que soy, empezó a forjarse cada palabra que hoy te escribo, pues aunque parezca absurdo, creo que estos párrafos estaban destinados a ser escritos. Le escribí a la soledad, a la tristeza, a la alegría, a la desesperanza, a los sueños, que no se cumplieron, a las personas, que no llegaron, a los deseos, que jamás se hicieron realidad porque en los designios divinos así debía estar estipulado. Entiendo que pueda parecer tonto hablar de designios y destino, a mí también me lo parece la mayoría del tiempo, sin embargo, día a día, cuando te veo llegar, cuando recorro con la mirada tu forma distraída de caminar para acercarte, siento que es así, toda mi vida de encierro, todas mis frustraciones e iras, todas las emociones negativas, los sentimientos de autocompasión, las lágrimas, el dolor, la falta de autoestima, ¡Todo! pasa ante mis ojos en un instante; y cuando por fin te inclinas y me besas ese colash, esa bola de recuerdos negativos… solo… desaparece. El pasado muta drásticamente, el castigo se convierte en bendición, la tortura y el dolor que creí vivir se transforman en camino, un camino que me ha llevado a mi destino. Ese destino que desde aquella noche en la van supe que eras tú.

Siempre odié cada paso del camino mi vida, como el estudiante al que le aburre cada parte de la lección, sin saber que está destinado a caer y que sin quererlo está aprendiendo como sobrevivir.

Quiero que lo recuerdes por siempre corazón:

Tu dijiste: “el mundo no basta” yo pensé: “Volar o morir”