Empecé
a escribir un libro sobre mi propia vida a la edad de 13 o tal vez 14
años, se llamaba “ilusiones”. En él contaba mi vida sentimental, las veces que
me enamore, las veces que me ilusione, las veces que me partieron el corazón.
Nunca logre siquiera llegar a la mitad
de lo que me proponía escribir, siempre habían otras ocupaciones, algo más
divertido que hacer o simplemente me sentía muy lastimado, triste o deprimido
como para seguir escribiéndolo, o todo lo contrario, me sentía demasiado alegre
como para sumergirme en ese mundo de soledad y dejarme contagiar por esas
emociones mil veces rumiadas.
Al cabo de 5 años me canse de leer las
mismas palabras y releerlas y corregirlas hasta la saciedad. A la mitad de mi
carrera acepte que el tema era demasiado irrelevante para que pudiera ser
objetivamente un libro exitoso y que además de eso yo ya estaba demasiado
maduro como para sumergirme en aventuras irreales de un niño adolecente, esa
etapa ya empezaba a quedar en el pasado. Cuando retome la escritura como por
trigésima-octava vez, había pasado demasiado tiempo y se me habían borrado de
la mente las claves de acceso de los archivos de trabajo. Lo tome como una
señal. Esos archivos aun existen, pero desde hace casi 5 años no he podido
acceder a ellos.
Impresos están los primeros dos o tres
capítulos del libro que solo una persona ha leído: mi hermana, Andrea.
Trabajamos en ellos por la época en la que finalizábamos el bachillerato… ya no
importan. Esos temas añejos servirán para varios proyectos que si valgan la
pena. La irreal vida amorosa de un adolecente cobarde no ha de interesarle a
nadie, ni siquiera me interesa a mí y fui yo el que la viví. Jajaja.
Descuide la escritura y me sumergí en la
producción, en la seducción y en el trabajo para empezar a costear mis propios
gastos y dejar de pedirle la mesada a mis papás, gracias a ellos siempre me ha
parecido molesto extender la mano. No es que me lo hayan echado en cara, es que
siempre me enseñaron a ser demasiado independiente.
Ahora, ya a los 25, con muchos proyectos
iniciados, mi primer libro o prospecto de libro abandonado hace media década
atrás y entrando en la última curva (aunque ya lo he dicho muchas veces) de mi
carrera universitaria creo que tengo que retomar la escritura, destapar el odre
y hacer que el vino añejo deleite a todos aquellos que quieran catarlo. Ya es
hora de que el mundo me conozca y sepa lo que tengo para dar. Mi mamá ha
insistido mucho en eso durante los últimos años, es hora de demostrarle (creo yo)
que todas las charlas que me ha dado no han sido en vano, que si he estado
escuchándola durante todo este tiempo y que si estoy dispuesto a seguir mi
destino con la determinación con la que una noche hace dos años decidí ir a
descubrir de que tanto era capaz.
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