martes, 17 de junio de 2014

DIARIOS DE ADOLECENTE II

Empecé a escribir en un cuadernillo verde, es pequeño, a rayas, creo que mi mamá me lo regalo alguna vez y yo lo comencé a llenar con la primera historia de amor de mi vida, o quizá deba decir mejor: de desamor.

No voy a contarla aquí, este espacio es solo para ti, no me parece correcto ocuparlo con recuerdos que no vienen al caso y que ya tuvieron su propio lugar muchos años atrás. Sin embargo cabe resaltar que esa historia aun no te la he contado. Algún día lo hare o algún día hurgaras entre mis cosas y la leerás tú. Perdonaras los errores de composición, pero tendrás que entender que tenía solo 12 años para cuando la escribí.

¿Sabes que estaba pensando? Ya les he escrito a otras mujeres antes. Todas ellas confinadas a la lista de los eternos amores imposibles (que en realidad no eran imposibles, yo era muy cobarde). Es por eso que cada vez que te veo y leo en tus ojos lo que ya has llegado a sentir por mí en este corto espacio de tiempo, me sorprendo a mí mismo. ¿A cuántos amores maté de inanición mientras pacientemente tocaban a mi puerta? ¿Cuántos amores simplemente decidieron irse y no insistir? ¿Cuántos posibles amores pudieron ser y no fueron, no son, ni serán jamás?

Me he enamorado de muchas mujeres Eliana, pero a ninguna de ellas las ame en realidad, solo me dedique a sufrir por ellas porque sentía que de alguna manera eso me hacía mitigar la soledad que siempre había sentido. Nunca pude amar a nadie en el pasado porque aparentemente era muy pequeño y cuando crecí no pude hacerlo porque creí que ya era demasiado grande para aprender, me dio vergüenza admitir que no sabía hacer muchas cosas que los demás hacían con naturalidad; me llene de complejos que me mantuvieron alejado de vivir una vida plena y feliz, y cuando mi mamá abrió la celda en la que me tenía preso, yo cerré el candado y lance la llave muy lejos, pues ya estaba demasiado acostumbrado a ella como para querer salir.

Por un tiempo preferí ver la vida pasar a través de la ventana de mi habitación como llevaba haciéndolo por años; me negué a mí mismo las posibilidades de conocer muchas cosas, de experimentar, de explorar; me volví a encerrar en mi mundo y al poco tiempo, cuando note que ya nadie me custodiaba y que aun así seguía encerrado, me llene de ira, pues ya no había nadie en la puerta a quien echarle la culpa.

Descubrirme como prisionero y carcelero de mi propia jaula fue quizá una de las contradicciones más duras que tuve que enfrentar, ¿Cómo cambias los hábitos de una persona? ¿Cómo le metes en la cabeza a alguien que solo conoce la oscuridad la idea de que la luz le hará bien y no podrá lastimarlo? ¿Cómo combatir el cáncer de la soledad autoimpuesta? Es como la anorexia, la gente siempre insiste en asegurar que no la padece. No te imaginas lo frustrante que fue resignarme a cultivar amores ajenos, amores que solo lograron destruirme porque me convencí de que nadie me querría, de que era simplón y aburrido, de que no tenía nada que ofrecer. Me conforme con imaginar, pero tal vez eso fue lo que me condeno mi vida, pues no hay nada peor que conformarse con caricias y besos imaginados.


Gracias por ser real, gracias por correr el riesgo… te adoro.

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