Empecé a escribir en un cuadernillo
verde, es pequeño, a rayas, creo que mi mamá me lo regalo alguna vez y yo lo
comencé a llenar con la primera historia de amor de mi vida, o quizá deba decir
mejor: de desamor.
No voy a contarla aquí, este espacio es
solo para ti, no me parece correcto ocuparlo con recuerdos que no vienen al
caso y que ya tuvieron su propio lugar muchos años atrás. Sin embargo cabe
resaltar que esa historia aun no te la he contado. Algún día lo hare o algún
día hurgaras entre mis cosas y la leerás tú. Perdonaras los errores de
composición, pero tendrás que entender que tenía solo 12 años para cuando la
escribí.
¿Sabes que estaba pensando? Ya les he
escrito a otras mujeres antes. Todas ellas confinadas a la lista de los eternos
amores imposibles (que en realidad no eran imposibles, yo era muy cobarde). Es
por eso que cada vez que te veo y leo en tus ojos lo que ya has llegado a
sentir por mí en este corto espacio de tiempo, me sorprendo a mí mismo. ¿A
cuántos amores maté de inanición mientras pacientemente tocaban a mi puerta? ¿Cuántos
amores simplemente decidieron irse y no insistir? ¿Cuántos posibles amores
pudieron ser y no fueron, no son, ni serán jamás?
Me he enamorado de muchas mujeres Eliana,
pero a ninguna de ellas las ame en realidad, solo me dedique a sufrir por ellas
porque sentía que de alguna manera eso me hacía mitigar la soledad que siempre
había sentido. Nunca pude amar a nadie en el pasado porque aparentemente era
muy pequeño y cuando crecí no pude hacerlo porque creí que ya era demasiado
grande para aprender, me dio vergüenza admitir que no sabía hacer muchas cosas
que los demás hacían con naturalidad; me llene de complejos que me mantuvieron
alejado de vivir una vida plena y feliz, y cuando mi mamá abrió la celda en la
que me tenía preso, yo cerré el candado y lance la llave muy lejos, pues ya
estaba demasiado acostumbrado a ella como para querer salir.
Por un tiempo preferí ver la vida pasar
a través de la ventana de mi habitación como llevaba haciéndolo por años; me
negué a mí mismo las posibilidades de conocer muchas cosas, de experimentar, de
explorar; me volví a encerrar en mi mundo y al poco tiempo, cuando note que ya
nadie me custodiaba y que aun así seguía encerrado, me llene de ira, pues ya no
había nadie en la puerta a quien echarle la culpa.
Descubrirme como prisionero y carcelero
de mi propia jaula fue quizá una de las contradicciones más duras que tuve que
enfrentar, ¿Cómo cambias los hábitos de una persona? ¿Cómo le metes en la
cabeza a alguien que solo conoce la oscuridad la idea de que la luz le hará
bien y no podrá lastimarlo? ¿Cómo combatir el cáncer de la soledad
autoimpuesta? Es como la anorexia, la gente siempre insiste en asegurar que no
la padece. No te imaginas lo frustrante que fue resignarme a cultivar amores
ajenos, amores que solo lograron destruirme porque me convencí de que nadie me
querría, de que era simplón y aburrido, de que no tenía nada que ofrecer. Me
conforme con imaginar, pero tal vez eso fue lo que me condeno mi vida, pues no
hay nada peor que conformarse con caricias y besos imaginados.
Gracias por ser real, gracias por correr
el riesgo… te adoro.
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